Tener una relación es como preparar una torta para perros: te toma tiempo. No sabes qué tan buena está porque no la pruebas; sin embargo, intuyes que lo está y la haces. ¿Por qué no estaría buena? Tiene carne, galletas para perro y asumamos que a los perros les vuelve locos cualquier cosa que sea comida y que sepa bien. Así, no sabes qué haces pero lo haces. Las relaciones se basan en uniones entre personas que no necesariamente son concientes de sus actitudes o a acciones y, sin embargo, resultan en un sistema de comprensión a veces perfecto; otras, desastroso.
Por otro lado, terminar una relación resulta en un quiebre de este sistema imperfecto de comprensión. Desata dudas y nos hace preguntar: "¿qué tal si hice mal la torta?". Pero el perro ya se comió ese pedazo de alimento, por lo que no es un tanto difícil determinar las imperfecciones de tal elemento. Si toma tiempo tener una relación, aceptar que ha terminado es un proceso no tan largo pero igual de complicado. ¿Cómo sabes que ha terminado? ¿Cuándo es que realmente termina una relación? ¿Cuándo sabes que puedes iniciar otra relación? Podría aparecer un marasmo en la vida de las personas con la idea de responder todas estas interrogantes. Aquí estoy yo para plantearlas, pero quién sabe si sea el indicado para darles respuesta.
Creo que lo que más me gusta del cuerpo es la mirada. Ya, que el cuerpo es bueno y todo, pero la mirada te permite analizar puntos de vista que van más allá de todo. Imagínense todos los pensamientos humanos representados en un mirada. Infinitos, ¿cierto? A menos que la persona no tenga alma, porque existen, los ojos permiten una introspección alucinante con poco tiempo. No necesitas conocer a la persona, tan solo mirarla, y encontraras lo que está pensando. Me parece que es un punto vulnerable. Salvo que use lentes de playa, en cuyo caso este post no tiene ningún sentido. Creo que los lentes de contacto no cuentan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario