Siempre he tratado de ser respetuoso con las creencias religiosas de otros, al menos cuando están a mi lado. Me parece que la diversidad de ideas en un hombre u otro va a llegar a un ineludible proceso de congregación, de alguna manera u otra. Cuando el humano cree algo con otra persona, esta fe tiene más probabilidades de ser ciega. Total, con dos, la probabilidad de estar errado en la creencia es menor, ¿no? Y si son más, mucho menos, ¿no es cierto?
Pues es este pensamiento que preconiza la sociedad el que permite pulular diversificadas manifestaciones de religiones que parecen más pintorescas una de la otra. Son más diversas que la programación de un canal de cable y tienden a ser igual de adictivas. Pues bien, no hay problema con ello. Cada uno tiene derecho a consumir lo que desea consumir. Total, algunas drogas son legales y otras no. Nadie dijo que el mundo tenía que ser perfecto.
Así pues, el arraigamiento de estas creencias permite que los ciudadanos se reúnan en lugares especiales llamados templos, en los que con alegría discuten temas de importancia canónica como "por qué murió por nosotros" o "nació del sol o la luna". Hasta este estadio de nuestro proceso religioso no existe ningún problema. Bases sentadas, los hombres ya saben bien qué creen y por qué lo creen. Firmes en su fe, deciden acometer, como acto "altruista", un hecho que cambiará su actividad religiosa de pasiva a activa. Deciden salir a dar la palabra.
Es aquí donde básicamente todos los conflictos religiosos pueden llegar a tener un declive, fortalecimiento o empezar una guerra.
No tengo problemas con el hecho de que las personas crean en algún tipo de ser celestial que mágicamente puede llegar a sanarlos, cumplir plegarias o ayudarlos en épocas de tragedia. No los culpo, yo lo hago. Lo que sí me enerva es encontrarlos por todos lados sacando en cara que lo creen es mejor que lo que los demás creen. En el Perú, es muy común ver cómo una persona sube al transporte público a derrochar su tiempo explicando cómo nosotros vivimos en pecado y cuánto debemos arrepentirnos para estar en gloria con un ser que muchos de ellos no toman en cuenta para sus actividades cotidianas. Me enerva que una persona tenga que darme clases de moral cuando de joven ha hecho lo mismo y peor. No porque yo lo sepa, sino porque vienen a contarlo. Casi la mayoría de ellos nos explica que estuvo en drogadicción, apuestas, y la mar de otras adicciones. Pero que al fin logró obtener la gloria de su Dios y es su obligación "moral" salir a compartir su historia. Lo único que generan esas personas es morbo y lástima. Peor aún cuando se la dan de evangelizadores.
Entiendo que vivo en un país en donde la mayoría es católica. Bien, lo entiendo. Sin embargo, creo prudente pedir el respeto de las personas que tienen una religión determinada para no intentar obtener nuestro perdón o salvarnos de nuestros pecados. Cada uno sabe lo que ha hecho y tendrá en cuenta cómo solucionarlo. No creo en un Dios que proclama infierno a quienes no comparten su amor. Creo en alguien que es capaz de sacrificar su alma por un simple imbécil. Ese es el tipo de Dios en el que creo. No uno que invita a los sabelotodos de la buena fe a imprecarnos que lo que ellos creen es mejor que lo que yo creo. No, mi Dios es plural y bueno.
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